domingo, 7 de abril de 2013

Titanic.


     Titanic. Cataratas de lágrimas invaden nuestros vacíos rostros, mientras embobados miramos lo que fue la tragedia romántica más grande y significativa de la historia del cine. Otra cosa no podía esperar de nosotros, somos seres humanos que buscan alimentar su morbo. Tenemos una sobredosis de esta película, creo yo. La vimos tantas veces que podemos repetir los diálogos de derecha a izquierda e izquierda a derecha. Nos consagramos como los mayores amantes de esta amarga historia. Y, ¿saben que es lo peor? Que por nuestro fanatismo y amor hacia la historia más hermosa y triste que pudo haberse proyectado en un cine alguna vez, terminamos como terminamos: esperando mucho de la realidad. La realidad es menos de lo que creemos, señores. No todos vamos a tener nuestro Jack o nuestra Rose, simplemente vamos a tener el hundimiento del barco y el final no tan feliz. No vale la pena amargarme por como son las cosas, porque no tiene sentido. Dejemos de buscar nuestro amor de película y caigamos en la cuenta de que no es nada más y nada menos que una película, es ficción pura, y que deberíamos estar tocados por una varita mágica para tener la suerte de encontrar a alguien que nos llene el alma como lo hace esta trágica pareja. Mi cierre para esto sería un: esperamos mucho de la realidad, por un exceso de ficción y finales trágicamente románticos. Bienvenido al mundo real, señor. No tenemos ni Jack's, ni Rose's, ojala encuentre alguien que garche bien y no lo haga cornudo. Que disfrute su estadía.

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